El día antes de que pasara el huracán sobre la isla, no estaba ni cerca de preparada para lo que vendría. Era la primera vez que sentí una vida sin agua todos los días, sin poder cocinar alimentos para mi familia a menos que esperara horas para conseguir gasolina para una planta eléctrica que apenas me duraría un día y luchando solo para cumplir con mis responsabilidades académicas. Aunque, incluso con todo el trauma causado por él mismo, vivir durante ese período no fue todo malo.
Después de la primera semana, empece encontrándome con amistades de la infancia. Había pasado un tiempo desde que recordábamos los tiempos que solíamos tener juntos y finalmente conseguimos crear nuevos momentos juntos para olvidar de todo el estrés al momento. Ayudándonos uno al otro hasta el día en que nuestras vidas volvieran a la normalidad.
De hecho, no solo aprendimos a evaluar lo que teníamos, sino también a mejorarlo cuando regresara. Aprendí a no permitirnos terminar en el mismo escenario de desesperación, ayudar a los que están cerca de ti y prosperar para el futuro.
Aquí les dejo dos tweets sobre antes y después del huracán:
Y aquí unas fotos personales de como afecto mi area tras el paso: